
El caracol de jardín o Helix Aspersa es el más conocido por todos. Su hábitat natural comprende los jardines y zonas cultivadas. Cuerpo blando con concha y cuernos son sus señas de identidad. Este pequeño animal cuyo peso no excede de 10 gramos es un molusco gasterópodo del que existen unas 35.000 especies que se han adaptado a vivir en cualquier hábitat.
Los caracoles terrestres, compuestos por más de 4.000 especies, pertenecen a dos géneros, el Helix y el Achatina.
Un minúsculo todoterreno.
Puede parecer que el caracol es capaz de superar cualquier obstáculo. Aunque es capaz de caminar sobre el filo de una cuchilla sin cortarse gracias a la permanente baba viscosa que produce, la limacina, no puede hacerlo sobre sustratos polvorientos como harina o azúcar, o tierra polvorienta debido a que no tiene ningún punto de apoyo en su sistema de reptación.
Anatomía de un caracol.
Su anatomía se caracteríza por poseer un cuerpo blando, formado por cabeza, pie, masa visceral y un manto que segrega una concha dura y rica en carbonato cálcico que le protege y que está modificada con respecto a otros moluscos con el fin de poder respirar aire. La masa visceral que hay dentro de la concha está envuelta por el manto, que se encarga de producir una secreción calcárea que en contacto con el aire se endurece y le permite crecer. Este crecimiento es continuo y cuando se detiene forma las estrías que aparecen en la concha. Esta además crece cuando lo hace el cuerpo blando y se aferra a él gracias al músculo columenar.
La cabeza, que puede esconderse dentro de la concha, está provista de un par de tentéculos largos encima de los cuales hay un par de ojos que cumplen una función sensorial, y otros dos más cortos, orientados hacia el suelo. Los estudios biológicos han descubierto que en la base de los tentéculos cefálicos existen unas estructuras especiales, denominadas estatocistos, que contienen los estatolitos y que sirven para que el molusco no pierda el equilibrio ni la orientación.
En los tentáculos también se sitúa el sentido del olfato, que está muy desarrollado. A la altura del tentáculo superior derecho hay una abertura donde están situados los órganos genitales y más al centro, otra endidura gracias a la cual el animal puede respirar.
El periodo de hibernación.
Cuando bajan las temperaturas lelga el momento de la hibernación. Entonces el animal cierra el opérculo o la boca de la concha con una sustancia espesa, blanquecina y muy resistente que consigue mantener al caracol aislado del medio externo y que sobreviva con las reservas que ha ido adquiriendo durante la estación favorable.
El apareamiento.
Aunque son hermafroditas, los caracoles necesitan aparearse y que uno haga de macho y otro de hembra. Pueden poner hasta 120 huevos cada vez. En ocasiones los caracoles llegan a proliferar tanto en los jardines
que se convierten en plagas, pudiendo ocasionar daños serios en hojas,
tallos y frutos de plantas ornamentales y hortalizas.
Comportamiento
Los caracoles no salen al exterior cuando llueve, sino cuando la lluvia ha cesado. Son por ello unos animales ligados a la humedad, y por tanto, activos de noche, cuando las temperaturas son frescas. Así que es difícil encontrarlos por el día a no ser que haya caído algun chubasco.
El caracol y la gastronomía a lo largo de la historia.
Es muy apreciado en la cocina desde la antigüedad y hoy en día se cría
en granjas para el consumo masivo. Se han hallado vestigios de su
consumo en la prehistoria.
En la antigua Grecia y Roma constituían un manjar tan exquisito que incluso algunos palacios tenían un huerto para la cría del animal. El emperador Tiberio en el siglo I recogió en un manual gastronómico algunas formas de elaborarlo, y los romanos se los llevaban ya preparados en sus incursiones guerreras.
En las primeras décadas del siglo XIX, tras la Revolución Francesa, la costumbre de comer caracoles se hizo muy popular en el país galo cuando el hambre apretaba. Ese hábito se ha mantenido hasta ahora y Francia es el primer consumidor de caracoles o escargot, con un kilo por habitante al año.
Su carne constituye un alimento bajo en grasas, rico en hierro, cobre, magnesio, vitamina C y sales minerales, y bajo en proteínas. Proporciona 70 calorías por cada 100 gramos.
Helicicultura
Hoy en día se cría en granjas, y la helicicultura se ha convertido en una realidad con perspectivas de futuro. Francia es el país pionero, pero en Europa existen muchos criaderos que no son suficientes para abastecer la demanda. España cuenta con unas 30 granjas, la mayoría de ellas en Cataluña y Aragón.
















